Slow Living

En este mundo virtual actual instantáneo, no son pocas las ocasiones en las que los acontecimientos de nuestro entorno parecen ir tan deprisa, que sentimos un dejavù constante, como si fuéramos persiguiendo el momento y al creer llegar al mismo, este se nos escapara, como un puñado de agua entre unas manos temblorosas.

Nos estresan y acosan todos los avisos, mensajes, llamadas y alarmas en definitiva, que nos apartan del momento presente, cual acosadores ladrones del instante provenientes del pasado y del futuro. Algunas personas hemos comenzado a practicar una nueva forma de tomarse la vida con más calma practicando el Slow Living, algo así como una forma de retomar la consciencia del momento presente haciendo las cosas más despacio para poder así saborearlas y disfrutarlas en toda su magnitud.

Ciertamente se trata de un contraste frente a la tendencia general que incita a estar ocupado constantemente de varias actividades de forma simultánea. Ese supuesto multi-tasking nos convierte en neuronas con demasiadas sinapsis sueltas, que no terminan de enlazar con otras y se dispersan en forma de bloqueos, despistes y estrés crónico.

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Tomar por costumbre la practica diaria de Slow Living, ayuda sin esfuerzo a que esas sinapsis se reconecten a sus pares y a que los pensamientos fluyan por si solos de manera subconsciente a los objetivos y metas que uno se proponga.
Por eso, de vez en cuando, necesitamos unas vacaciones para desconectar de todo y descansar. Un alto en el camino que nos haga retomar, replanificar y repensar todo para definir la nueva ruta. Unas vacaciones sin Internet, sin obligaciones, sin prejuicios, que nos abran la mente y derriben la barrera entre nuestro subconsciente y nuestro yo consciente para equilibrarlos suavemente sin bandazos, ni presiones, ni sugestiones de quienes creyeron anticiparse a nuestro devenir humano.

También dejar que nuestro reloj se derrita durante un periodo de tiempo cada día, nos devuelve con mayor fuerza al instante y al carpe diem, sin esa sensación de estar persiguiendo el futuro o de que nuestro pasado nos persigue para atarnos a la desdicha de la impaciencia. La calma queda restaurada y el estrés se diluye como una aspirina efervescente en ese agua que al principio parecía escurrrirse entre nuestros dedos.

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