Fotoblogeando en diferido: Lo viejo + lo nuevo = Algo innovador

La creatividad y las ideas no salen siempre de algo exclusivamente nuevo tal y como nos aleccionan todas esas campañas de Marketing, cuando nos bombardean con su querer que compremos el último modelo X para que descartemos el Y que ya está,  según ellos, super pasado de moda. Mientras le daba vueltas a esta idea recordé una de mis pasiones de antaño, la fotografía analógica. ¿Por qué no mezclar lo analógico con lo digital para crear algo nuevo diferente?

Me costó encontrar los dispositivos analógicos en el trastero, agradecí un montón mi último regalo de cumpleaños abajo retratado y fue imposible encontrar una tienda que revelase rollos de 110, así que surfeando por ahí un buen rato, di al menos con el único servicio que parece quedar en la web y me mandaron los rollos. No os digo todavía de quienes se trata. Ha sido divertido volver a recordar todos los principios básicos de los distancias, enfoques, planos, … Ahora estoy impaciente por terminar los dos rollos. Ya se me había olvidado que era ese gusanillo de esperar al revelado de las fotos. Me hace ilusión esperar, no tener el resultado inmendiato de un selfie mal hecho con la peor cámara frontal del móvil. Cuando los haya terminado de disparar, enviado los carretes y haya recibido las sorpresas en papel, seguiré trabajando con ellas en digital.

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Es como hacer una obra de artesanía, como me dijo un amigo una vez, hacer fotos es pintar con luz, y ahora además transformar en pantalla táctil, utilizando todos los medios, los viejos y los nuevos. Espero que de esto salga algo innovador, aunque también estoy preparada para todas esas fotos que seguramente no salgan como esperaba, otro reto creativo. De ahí sacaré la innovación, de darle la vuelta de nuevo a la fotografía, pero utlizando tanto las viejas cámaras como las más nuevas incorporadas a mis cachivaches electrónicos. ¡A ver qué sale y qué mezclamos¡ Apuesto a que serán pocos los ojos que acierten a diferenciar entre las fotos fruto de un aparatejo y de otro de esos que algunos sólo adjudican a los museos.

En fin, para el próximo post habrá menos texto y más imagen.  Ya veréis y diréis que os parecen y con que cámara creeis que estan hechas las mejores fotos. Seguro que me sorprendo.

Slow Living

En este mundo virtual actual instantáneo, no son pocas las ocasiones en las que los acontecimientos de nuestro entorno parecen ir tan deprisa, que sentimos un dejavù constante, como si fuéramos persiguiendo el momento y al creer llegar al mismo, este se nos escapara, como un puñado de agua entre unas manos temblorosas.

Nos estresan y acosan todos los avisos, mensajes, llamadas y alarmas en definitiva, que nos apartan del momento presente, cual acosadores ladrones del instante provenientes del pasado y del futuro. Algunas personas hemos comenzado a practicar una nueva forma de tomarse la vida con más calma practicando el Slow Living, algo así como una forma de retomar la consciencia del momento presente haciendo las cosas más despacio para poder así saborearlas y disfrutarlas en toda su magnitud.

Ciertamente se trata de un contraste frente a la tendencia general que incita a estar ocupado constantemente de varias actividades de forma simultánea. Ese supuesto multi-tasking nos convierte en neuronas con demasiadas sinapsis sueltas, que no terminan de enlazar con otras y se dispersan en forma de bloqueos, despistes y estrés crónico.

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Tomar por costumbre la practica diaria de Slow Living, ayuda sin esfuerzo a que esas sinapsis se reconecten a sus pares y a que los pensamientos fluyan por si solos de manera subconsciente a los objetivos y metas que uno se proponga.
Por eso, de vez en cuando, necesitamos unas vacaciones para desconectar de todo y descansar. Un alto en el camino que nos haga retomar, replanificar y repensar todo para definir la nueva ruta. Unas vacaciones sin Internet, sin obligaciones, sin prejuicios, que nos abran la mente y derriben la barrera entre nuestro subconsciente y nuestro yo consciente para equilibrarlos suavemente sin bandazos, ni presiones, ni sugestiones de quienes creyeron anticiparse a nuestro devenir humano.

También dejar que nuestro reloj se derrita durante un periodo de tiempo cada día, nos devuelve con mayor fuerza al instante y al carpe diem, sin esa sensación de estar persiguiendo el futuro o de que nuestro pasado nos persigue para atarnos a la desdicha de la impaciencia. La calma queda restaurada y el estrés se diluye como una aspirina efervescente en ese agua que al principio parecía escurrrirse entre nuestros dedos.

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